RITO AL SOL: Entre el deseo de trascender y la urgencia de sentir
¿Qué significa trascender cuando todo aquello que nos hace humanos también nos mantiene atados al presente? Entre el deseo de escapar del tiempo y la necesidad de sentirlo todo, BERNARDO encuentra en la música un espacio para explorar algunas de las contradicciones más profundas de la experiencia humana.
Dante Salas
10/23/202615 min read


Originario de Mérida, Yucatán, Bernardo Castilla ha construido una identidad artística que cruza el electropop latino, el French house, el disco, el indie y la electrónica. Su trabajo se extiende más allá de la composición musical: su trayectoria como actor y cineasta, así como sus colaboraciones audiovisuales con el director mexicano David Pablos, forman parte de una búsqueda creativa en la que sonido e imagen dialogan constantemente. Con RITO AL SOL , su nuevo EP de cuatro canciones, BERNARDO abre una etapa en la que música, cine, performance, moda y arte visual convergen en una misma narrativa. El proyecto transita entre lo espiritual y lo físico, la euforia y la vulnerabilidad, la posibilidad de trascender y el impulso de permanecer en el cuerpo. Más que un lanzamiento musical, RITO AL SOL propone una experiencia que invita a cuestionar nuestra relación con el deseo, el tiempo y aquello que elegimos conservar. Para esta portada de disidnt=, conversamos con BERNARDO sobre el origen de este universo, los lenguajes que lo construyen y lo que significa buscar algo eterno en una realidad inevitablemente fugaz.


El origen de un ritual...
El título RITO AL SOL sugiere una ceremonia, una ofrenda o una búsqueda de conexión con algo que nos trasciende. ¿Qué representa el sol dentro de este proyecto y qué significado personal tiene para ti la idea de un ritual? ¿En qué momento descubriste que estas imágenes podían articular el concepto del EP?
El sol es, antes que nada, una fuente de vida. Sin él, nuestra existencia sería imposible. Pero también ha representado, a lo largo de distintas culturas y filosofías, la divinidad, la conciencia, la acción y la fuerza creadora. Frente a la luna, frecuentemente asociada con el mundo emocional, los sueños y lo inconsciente, el sol simboliza aquello que nos impulsa a actuar, a manifestarnos y a trascender.
Desde siempre, el ser humano ha levantado la mirada hacia el cielo en busca de respuestas. Seamos religiosos, agnósticos o ateos, compartimos esa inquietud por comprender nuestro lugar en el universo y conectar con algo que nos sobrepasa. Para mí, el arte nace precisamente de esa búsqueda. Tiene algo de jupiteriano: una necesidad constante de aprender, expandirse y explorar territorios desconocidos. La música es mi manera de hacerlo, pero también de encontrarme con los demás.
Hay algo profundamente ritual en reunirnos alrededor del ritmo, bailar y sudar juntos, compartir un mismo pulso y, por un instante, sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos. También entiendo el arte como una ofrenda. Crear implica entregarse y, muchas veces, sacrificarse. Particularmente hoy, en una industria musical que exige muchísimo de los artistas y no siempre ofrece una recompensa proporcional a esa entrega. Si sigo haciendo música, no es por la promesa de dinero o fama, sino por algo mucho más esencial: el amor al arte y la necesidad de expresar, aprender y transformar. RITO AL SOL nace de reunir todas esas ideas.
De entender la música como una ceremonia compartida, una búsqueda de elevación a través de la palabra, el cuerpo y el ritmo. Un ritual en el que mi intención no es solamente elevarme yo, sino también a quienes me escuchan.
Todos juntos, bajo la luz ardiente del sol.
En la descripción del proyecto planteas una tensión entre lo etéreo y lo carnal: el deseo de trascender y, al mismo tiempo, la fuerza del cuerpo, el placer, el miedo y el presente. ¿De dónde nace esa dualidad? ¿Sientes que existe una contradicción entre querer ir más allá de nuestra condición humana y aprender a habitarla plenamente?
Para mí, la condición humana es, ante todo, una tragicomedia. Somos una especie extraordinariamente contradictoria. Hemos desarrollado una inteligencia capaz de imaginar universos, crear arte, construir civilizaciones y diseñar máquinas que nos permiten alcanzar las estrellas. Sin embargo, seguimos habitando el cuerpo de un primate, gobernado por impulsos, deseos, miedos y necesidades profundamente ancestrales. Nuestra mente aspira a lo infinito, mientras nuestra biología nos recuerda constantemente que pertenecemos a la Tierra.
Queremos expandir la conciencia, comprender el universo y acercarnos a lo divino, pero al mismo tiempo nos dejamos arrastrar por el sexo, el placer, la ambición, el poder y la violencia. Hay algo profundamente prometeico en esa contradicción.
En la mitología griega, Prometeo roba el fuego de los dioses para entregárselo a la humanidad. Para mí, ese fuego representa nuestra capacidad de crear y transformar el mundo, pero también de destruirlo. Tenemos en nuestras manos herramientas extraordinarias y, aun así, muchas veces terminamos incendiando aquello que construimos. Por eso veo nuestra historia como un circo tan cómico como trágico: una especie que sueña con alcanzar las estrellas mientras destruye el suelo que pisa. Queremos trascender nuestra condición humana, pero somos incapaces de desprendernos de aquello que nos hace humanos.
Mi siguiente sencillo, VAMOS A SER ETERNOS , habla explícitamente de esa paradoja. De una especie que se imagina eterna mientras agota las condiciones que hacen posible su propia existencia en un planeta extraordinariamente singular. Queremos conquistar el universo y alcanzar alguna forma de inmortalidad, pero seguimos persiguiendo las mismas cosas de siempre: dinero, sexo, poder, reconocimiento y, por supuesto, amor. No creo que esa contradicción tenga necesariamente una solución. Quizá la verdadera condición humana sea precisamente ese movimiento perpetuo entre lo divino y lo animal, entre la creación y la destrucción, entre el deseo de trascender y la necesidad de sentir. Yo habito esa contradicción todos los días. Soy consciente de ella y la utilizo como un motor catártico para mi arte. En ese sentido, RITO AL SOL también es eso: un intento de transformar nuestras contradicciones en música, de convertir el impulso más primitivo en una experiencia que, aunque sea por unos minutos, nos permita elevarnos. Seguimos bailando mientras el mundo arde.
HIGHER! aborda el miedo a desperdiciar la vida y la necesidad de actuar antes de que el tiempo se agote, incluso incorporando fragmentos de Shakespeare dentro de una producción electrónica y bailable. ¿Qué te llevó a explorar una inquietud existencial desde un lenguaje asociado con la euforia y la pista de baile? ¿Puede bailar también ser una forma de confrontar aquello que nos preocupa?
Desde pequeño he entendido la vida como algo que inevitablemente termina. Y, curiosamente, esa condición finita nunca me ha aterrado. Al contrario, siempre he sentido una profunda fascinación por la muerte, porque no la concibo necesariamente como un final, sino como una transición. No hablo desde una doctrina religiosa ni pretendo presentar una hipótesis que alguien deba comprobarme. Es una convicción profundamente íntima, nacida de mis propias experiencias. Hay algo extraordinariamente liberador en no sentir la necesidad de convencer a nadie de aquello que, en lo más profundo de mí, considero verdadero.
Precisamente porque soy consciente de que mi tiempo aquí es limitado, creo que una de las cosas más importantes que podemos hacer es jugar . Entender la vida como un juego de aprendizaje, exploración y descubrimiento me parece profundamente liberador, especialmente como artista. No imagino una tragedia mayor que disponer de tan poco tiempo y desperdiciarlo por miedo al qué dirán, por terror a compartir lo que llevamos dentro o por la comodidad de permanecer en lo conocido. La caverna de Platón me parece una metáfora extraordinaria de esa resignación. Hay un universo entero esperando a ser descubierto y, sin embargo, muchas veces preferimos quedarnos contemplando las mismas sombras. Yo quiero exactamente lo contrario. Dame la maldita pastilla roja. Muéstrame dónde está el conejo blanco y lo seguiré mientras devoro pastillas rojas como si fueran Tic Tacs. Dame autenticidad, fuego, pasión. No me des conversaciones superficiales, dame profundidad.
Dame incertidumbre. Dame miedo y lo convertiré en mi mejor amigo. Creo que de ahí nace HIGHER! . De la urgencia de vivir antes de que se nos termine el tiempo, pero sin convertir esa urgencia en angustia. La canción transforma una inquietud existencial en una celebración física. La electrónica, el ritmo y el baile me permiten confrontar esa realidad desde la euforia, en lugar de hacerlo desde la desesperación. Incluso la presencia de Shakespeare responde a esa misma intención: poner en diálogo preguntas humanas que llevan siglos acompañándonos con un lenguaje musical contemporáneo, visceral y profundamente corporal.
Cambian los siglos, cambian los instrumentos, pero seguimos enfrentándonos al tiempo, al miedo y al deseo de vivir plenamente. Para mí, bailar también es una forma de confrontar aquello que nos preocupa. A veces no necesitamos resolver todas las preguntas de la existencia; basta con entregarnos al presente, al movimiento, al sonido, a esa extraordinaria experiencia de estar vivos.
La vida es una, pero hay que jugarla como si fuera una de muchas. Y quizá ese sea mi secreto para seguir haciendo arte sin parar.


El cuerpo, el deseo y la permanencia
En HALF OF ME: YOU , la trascendencia adquiere una dimensión íntima: perderse dentro de otra persona, entregarse por completo y encontrar la dignidad de soltar. ¿Qué lugar ocupa la vulnerabilidad dentro de tu proceso creativo y cómo cambia una experiencia personal cuando decides convertirla en una canción que otras personas pueden hacer suya?
La vulnerabilidad ocupa una parte enorme de mi proceso creativo. Quizá casi su totalidad.
Creo que buena parte de nuestras decisiones están condicionadas por heridas que arrastramos desde la infancia. Hace poco escuché a Chase Hughes, exintegrante de la Marina estadounidense y especialista en análisis del comportamiento humano, hablar de seis necesidades sociales: importancia, aprobación, aceptación, inteligencia, compasión y fuerza o poder.
Su planteamiento me hizo reflexionar sobre cómo muchas veces buscamos desesperadamente en el mundo exterior aquello que sentimos que nos faltó cuando éramos niños. Quizá no te sentiste importante en la escuela, aprobado por tus padres, aceptado por tus amigos o suficientemente fuerte frente a una figura de autoridad. Y, sin darte cuenta, puedes pasar buena parte de tu vida intentando compensar esas ausencias.
Para mí, el autodescubrimiento es uno de los procesos más valiosos que existen. La meditación trascendental, la introspección y el ejercicio de mirarme honestamente al espejo me han ayudado a reconocer algunas de esas cicatrices, comprender de dónde vienen y aprender a no actuar impulsivamente desde ellas. Y si vamos a hablar de vulnerabilidad, prefiero hacerlo sin reservas.
Una de mis heridas más profundas tiene que ver con la relación que tuve con mi madre durante la infancia. Ella atravesó una depresión posparto y, durante mis primeros años, viví una falta de aceptación y cercanía afectiva que me marcó profundamente. No me amamantó y nuestra relación fue bastante distante hasta después de mi adolescencia. Durante mucho tiempo, esa experiencia alimentó una necesidad enorme de sentirme amado, aceptado y reconocido. Un vacío que, muchas veces, he intentado llenar con los aplausos de los demás o en relaciónes amorosas.
Y ahí está uno de mis mayores aprendizajes hasta la fecha: el único aplauso que verdaderamente necesito es el mío.
Comprenderlo también ha transformado la manera en que escucho mi propia música. Hoy puedo reconocer que muchas de mis canciones nacen de esas heridas y muchas otras de mi deseo de superarlas. HALF OF ME: YOU habla del dolor de no sentirse amado, de entregarse tanto a alguien que uno termina perdiéndose a sí mismo. HIGHER! , en cambio, habla del impulso de salir de ese lugar, de vencer el miedo y recuperar la libertad de ser quien uno es. Pero no creo que el autoconocimiento signifique dejar de tener cicatrices. Significa aprender a reconocerlas y a no permitir que decidan siempre por nosotros. Y eso también responde a lo que sucede cuando convierto una experiencia íntima en una canción.
Lo que originalmente era una herida personal deja de pertenecerme exclusivamente. Al compartirla, otras personas pueden reconocerse en ella, darle su propio significado y encontrar algo de sí mismas en mi historia. Hay algo profundamente liberador en descubrir que aquello que creíamos tan íntimo y solitario es, en realidad, profundamente humano.
Quiero aclarar algo que para mí es muy importante: hoy mi relación con mi madre es mejor que nunca. Es mi mejor amiga. No guardo resentimiento hacia ella por nuestras dificultades; al contrario, he aprendido a agradecer incluso las experiencias más dolorosas, porque ambos hemos crecido a través de nuestra relación. Con el tiempo he llegado a encontrar algo casi divino en ese proceso de reconciliación.
Al final, entiendo que siempre estaré en una curva de aprendizaje. Soy un ser humano con cicatrices, un ser humano que sangra. Y esa sangre, esas heridas y el intento constante de trascenderlas son parte esencial del artista que soy.


VAMOS A SER ETERNOS propone entregarse al presente, al cuerpo y al deseo, como si un instante pudiera escapar de su propia fugacidad. ¿Qué significa para ti la eternidad? ¿La encuentras en la posibilidad de permanecer en la memoria, en la intensidad de una experiencia o en el simple hecho de sentir algo plenamente mientras sucede?
Para mí, la eternidad es algo tan inescapable como inevitable. Somos efímeros en cuerpo, pero formamos parte de un universo cuya energía no desaparece, sino que se transforma constantemente. Las huellas en la arena se desvanecen. Las memorias se pierden, las fotografías se deterioran y hasta los nombres más célebres terminan diluyéndose en el tiempo.
Ningún artista es lo suficientemente famoso como para garantizar su eternidad. Por eso, mi deseo de trascender nunca ha estado ligado a permanecer en la memoria colectiva, ni a inmortalizar mi nombre a través de una obra. No me interesa construir un monumento a mi existencia. Me interesa conectar.
Creo que hay algo profundamente eterno en esa conexión, en la energía que compartimos con otras personas. Una canción termina, una noche se acaba, dos cuerpos se separan, pero aquello que experimentamos puede transformarnos y continuar resonando en lo que somos y en lo que hacemos después.
Quizá la eternidad no consista en hacer que un instante dure para siempre, sino en vivirlo con tal intensidad que, mientras sucede, deje de importarnos su duración. En ese sentido, VAMOS A SER ETERNOS es también una paradoja. Habla de una humanidad obsesionada con permanecer, conquistar y trascender, mientras es incapaz de detener el paso del tiempo.
Pero también celebra nuestra capacidad de entregarnos al presente, al deseo, al cuerpo y a la experiencia de estar vivos. No quiero ser eterno a través de la fama. Quiero sentirme parte de algo eterno a través de la conexión. Y si esa conexión dura apenas unos minutos, quizá sea suficiente.


Tu música cruza sonidos electrónicos, referencias del French house, guitarras y elementos del rock alternativo, pero también incorpora inquietudes emocionales y existenciales. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre la dimensión física de la música —su capacidad de hacernos mover— y aquello que quieres comunicar desde un lugar más íntimo o reflexivo? ¿Qué te interesa que ocurra entre ambas dimensiones cuando alguien escucha tu trabajo?
¿Sabes? No busco provocar una emoción en particular. Siempre he hecho música primero para mí, sin sobrepensar demasiado el proceso. Es llegar al estudio y descubrir qué beat propone el productor, o sentarme al piano y ver qué emoción despiertan en mí un acorde o una letra. Es un ejercicio de exploración personal que después comparto como una ofrenda. Nada más.
Mi filosofía creativa se acerca mucho a la de Rick Rubin: la audiencia viene al final. Por supuesto que espero que la gente conecte con mi música, pero eso ya no depende de mí. Soy lo que soy, y mi música es una extensión de mí mismo. Si te gusta, increíble. Y si no, también está bien.


Construir un universo más allá de la música
RITO AL SOL no termina en sus cuatro canciones: el proyecto incorpora sesiones en vivo, performance, live painting, vestuario, cine y una identidad gráfica desarrollada junto a la artista María Regina Cervera (EMEERRE). Considerando también tu trayectoria audiovisual, ¿cómo construyes el lenguaje visual de tu música? ¿Qué puede expresar una imagen, un cuerpo o una puesta en escena que no necesariamente podría transmitir una canción por sí sola?
En mi proyecto, lo visual siempre ha sido fundamental. Como ávido cinéfilo y actor, el cine nutre constantemente mi música, y espero que viceversa.
Por eso, las portadas siempre han tenido un lugar importante. Sin embargo, en esta ocasión, y por primera vez en mucho tiempo, decidí no involucrarme directamente en su proceso creativo.
María Regina es una artista extraordinaria. Le expliqué a detalle la filosofía detrás de RITO AL SOL y, a partir de ahí, solté las riendas. Hay algo muy liberador en hacer eso, especialmente cuando estoy acostumbrado a encargarme de prácticamente todo en mi proyecto musical. A veces, tener tanto control puede limitar nuestra perspectiva. Recibir las portadas fue una experiencia muy especial porque no sabía qué esperar. Y creo que ahí está la belleza de colaborar.
Como diría Hans Zimmer, la música es una pregunta y una respuesta. En este caso, mis canciones y mis letras fueron las preguntas, y las portadas de Regina, sus respuestas. Su propia interpretación de mi universo. Por eso son, hasta la fecha, mis portadas favoritas.
Las sesiones en vivo filmadas en Casa Vacía reúnen música, arte y performance dentro de un mismo espacio. ¿Qué importancia tiene el espacio físico en la construcción de este universo?
Creo que en mis videos musicales el espacio siempre ha sido un personaje principal. Pienso en PARA NO MORIR y Blood or Honey , ambos dirigidos por David Pablos. Para uno nos fuimos al Centro Ceremonial Otomí y para el otro a Zoh-Laguna, en Campeche. Son espacios muy distintos, pero ambos dialogan perfectamente con sus respectivas canciones: oníricos, catárticos, emocionalmente derruidos. Me gusta encontrar lugares cuyo mundo exterior refleje el universo interior de cada canción. En el caso de Casa Vacía, donde filmamos HIGHER! y HALF OF ME: YOU , me rodeé de obras de artistas mexicanos y latinoamericanos dentro de una hermosa galería en Coyoacán. Porque el arte es precisamente lo que más me eleva, y RITO AL SOL habla de esa búsqueda de ascensión a través de la creación. También me parecía importante hacerlo en México, rodeado de arte mexicano.
Muchas de mis letras hablan de esa necesidad casi religiosa que tenemos de conectar con algo divino, de aferrarnos a la fe incluso en medio de los peores terremotos emocionales. Y creo que eso tiene una resonancia muy particular en nuestra cultura.


Tu trayectoria como solista convive con tu trabajo como cantante principal y compositor de Glass Cristina, además de tus colaboraciones con artistas de distintas escenas. ¿Cómo dialogan estas experiencias con tu identidad individual? ¿Qué posibilidades creativas encuentras en tu proyecto solista que te permiten explorar otras facetas de ti mismo como músico y creador?
Sin Glass Cristina no existe BERNARDO, y sin BERNARDO no existe Glass Cristina. Soy el artista que soy gracias a ese proyecto y a todas las experiencias, tanto hermosas como turbulentas, que me ha regalado. No sería el músico que soy sin Lorenzo, quien me enseñó gran parte de lo que sé sobre hacer música y quien me dijo que sí a algo que yo ni siquiera sabía que podía hacer profesionalmente.
En mi proyecto solista encuentro la libertad de ser yo sin tener que pasar por el filtro de aprobación de otras dos personas. Pero, al mismo tiempo, ese filtro colectivo sacaba de mí algo distinto que también me encanta. Ambas experiencias tienen algo hermoso. Ninguna es mejor ni peor.
Para mí, lo importante es la música, no tanto el nombre del proyecto que la lleva. Estar en una banda es un poco como estar en pareja: hay que aprender a ceder, escuchar y construir algo juntos. En solitario tienes la libertad de hacer prácticamente lo que quieras. Y es curioso, porque muchas veces quienes están en pareja extrañan la libertad de estar solteros, mientras que los solteros extrañan la complicidad de compartir la vida con alguien.
Creo que con la música pasa exactamente lo mismo.
Amo a Glass Cristina y creo que este proyecto es eterno. Cuando Glass Cristina quiera sacar algo nuevo - cuenta conmigo.



Lo que permanece después del ritual
Con RITO AL SOL articulas una nueva etapa de tu proyecto a través de distintos lenguajes creativos, con una propuesta pensada tanto para la escucha íntima como para la experiencia colectiva en vivo. Si este EP fuera un ritual capaz de transformar algo en quien lo escucha, ¿qué te gustaría que esa persona descubriera, cuestionara o se llevara consigo al terminar? Y cuando este ciclo concluya, ¿qué sientes que habrá cambiado en ti?
RITO AL SOL es, ante todo, un viaje emocional. No quiero intelectualizarlo demasiado ni decirle a nadie qué debería sentir o descubrir. Mi mayor deseo es embarcarme, junto con quienes me escuchan, en un viaje. No sé qué encontrará cada quien en el camino, ni siquiera qué terminaré encontrando yo.
Así que buen viaje. O mal viaje… pero, ante todo, ¡adelante con el viaje!
Hay algo profundamente humano en el deseo de permanecer: dejar una huella, prolongar un instante, encontrar un sentido que sobreviva a aquello que inevitablemente termina. En RITO AL SOL , BERNARDO explora esa búsqueda desde la música y la imagen, construyendo un espacio donde el cuerpo y el espíritu, la euforia y la vulnerabilidad, dejan de ser fuerzas opuestas para formar parte de una misma experiencia. Quizá trascender no signifique escapar de nuestra condición humana, sino aprender a sentirla con mayor intensidad. A veces, basta una canción para recordarnos que no necesitamos detener el tiempo para experimentar algo que parezca eterno.
