KIKI: la noche que aún no termina (León, 17 de enero 2026)

Al Ambiente lo hacen posible “los que no tienen nada que perder” Carlos Monsivais, De las variedades de la experiencia homoerótica, 2017

Juanki Buenrostro

3/18/20264 min read

El sábado salí de fiesta. Fui a un nuevo proyecto en la ciudad de León, Gto., realizado el 17 de enero de 2025. Se llama Kiki. Fue en una cancha de gotcha, semi-aire libre, diría que podía ver las estrellas; pero en esta ciudad, sólo había humo, luces rosas y un par de pajáros confundidos en el cielo. Su nombre es un jugueteo con la famosísima canción de la agrupación estadounidense Scissor Sisters; esta pista es muy recurrente en sitios dedicados al esparcimiento nocturno de la comunidad LGBT+. Por supuesto, nadie heterosexual corea algo así cuando se reúnen los amigos a ver el partido del Atlas contra el León, ¿o sí?

Últimamente ya no lo hago tanto. No digo juntarme a ver el fut, sino que ya no hago kikis como hace algunos años. "Mamá ya está grande", me decía un amigo, Felipe; él es un excelente maestro con un alto grado de experiencia en technito, reuniones en sitios clandestinos y frases graciosas. Una Comedy Queen, si me preguntan. Fue una especie de experimento —o ejercicio de nostalgia, raro en mí cuando solo pienso en el futuro— entre la gente que solíamos frecuentar un antrito del centro que nos gustaba mucho. Al final, "lo haces tú", decía el eslogan. Pero, al final, lo cerraron. Para entonces ya iba muy poca gente, no lo barrían bien y se les iba el agua a las doce cuarenta.


Y aun con lo anterior, fue mi lugar favorito durante años. ¡Y cómo bebíamos! Porque cuando tomábamos, TO-MÁ-BA-MOS. También fui su cara en muchas fotos: un caballo pura sangre como yo engalanaba sus feeds aburridos y con copys feos. Creo, incluso, que nunca volveré a besar a tanta gente como en ese entonces. Donde ponía el ojo, ponía la bala… o la cola. Da la casualidad de que me fui de la ciudad y, cuando regresé, el lugar ya no estaba. No sé si es tristísimo o simplemente bello, pero me estoy dando cuenta de que envejecer es ver cómo los lugares que amas desaparecen.


Y, sin embargo, ¡ahí estaban! El lineup de DJs fue encabezado por Billete Volador y Fereei, ambos excelentes amigos que tienen interés por el pop y el reguetón; también, en algún punto, mi favorita, la hidrocálida Icy Scarmiento, con la cual comparto la debilidad por la música de los 2000, el circuit y la guaracha. And last but not least, Carreto, quien hizo un maravilloso trabajo; específicamente me interesó mucho su revisión del glam y el hyperpop.


Es importante mencionar la presencia de Kimora Fab, La Pricha, Italia Limantour y New York; todas ellas son parte del equipo de las drag queens que hostearon la noche. A todas las he visto en todas sus facetas, sin temor a equivocarme, muchas de las veces desde sus primeras presentaciones. “Mamá ya está grande”. Mucho antes de que apareciese esta nueva fiesta; mucho antes de que desapareciese la anterior; mucho, mucho antes de que la anterior apareciese. Es muy reconfortante ver su crecimiento como performanceras de la noche.


"Muchas gracias por siempre apoyar mi drag", me dijo Italia. "Siempre me has hecho sentir validada". Me lo habían dicho artistas, performanceros, circenses y saltimbanquis, otros chapuceros y charlatanes; pero nunca mis amigas las dragas. "Soy espejo", le dije, y sonreí. Cuando lo cierto es que he aprendido qué considerar emocionante en un show al verlas a ellas. Y lo sé porque entiendo perfectamente lo complicado, riesgoso y caro que puede llegar a ser desenvolverse como trabajador nocturno en una ciudad tan dura como es León para la gente como ellas, para personas como yo.


Considero que este circuito de mutuas validaciones es el corazón de que regresemos constantemente a encontrarnos. Por ejemplo, uno de mis mejores amigos, Armando Belsoj, estaba ahí. Él ha tomado instantáneas a todos y cada uno de los personajes que importan en los ámbitos de los kikis, en las galerías, y en todos los lugares abandonados —como la especialidad de Felipe— que hemos tenido que recobrar para volverlos un sitio donde festejar. Por supuesto que Armando hizo retratos de los que en aquel entonces eran guapos... que ya no son tan guapos. Si alguien tenía que captar a los asistentes de esta edición, era él. ¿Y si ya no me toca ser el rostro de sus feeds con copys feos? Al parecer, también he sido un iconoclasta de la noche muchos años. Sobre este nuevo grupo, estoy segurx de que ya había visto a lxs nuevxs, esos que en aquel tiempo no entraban; bueno, guapi, ahora están hasta adelante. Otra vez: "mamá ya está grande".


Pero con eso de que "mamá ya está grande", mamá también ya sabe que el tiempo no acaricia. Al salir de la fiesta, devolví la mirada, vi el humo y las luces rosas. Un zumbido agudo se quedó conmigo. Me tocó ser uno de esos pájaros confundidos, ya no en el cielo, sino en la graba de la cancha de gotcha. Esperé a que pasaran por mí. “¿Para Juan?”. Últimamente me pesa no saber con claridad cuándo volveremos a reunirnos, o cuándo será la última vez que vea a mis amigxs, los de aquí o los de todos los lugares donde he estado. “Sí, soy yo” Ojalá la noche me dure muchos años; ojalá pueda bailar y reír hasta que tenga cien años y que la gente que amo dure eso conmigo, o más. Me subí al ride y me fui.


Fotografías por Armando Belsoj